Las grietas, escasas pero profundas, en la ‘roca’ del PP

El debate sucesorio, las pugnas de cara al futuro Congreso o la escisión de FAES empañan la actual placidez de Rajoy

SERGIO COLADO @SergioColado

Lun, 7 Nov 2016

La investidura de Mariano Rajoy ha dejado como principal imagen el enfrentamiento interno del PSOE y los reproches cruzados entre los socialistas y la izquierda de la Cámara, a veces con discursos tan duros como el de Gabriel Rufián. Rajoy, como tantas otras veces, se colocaba fuera de foco a pesar de que era el protagonista de la jornada y asistía complacido a la escena de las hostilidades entre sus rivales políticos. Este lunes el comité de dirección del PP se reunía en Génova 13 para mostrar su apoyo incondicional al nuevo Ejecutivo y todo eran sonrisas y felicitaciones al líder del partido. En paralelo, el CIS difundía sus últimos datos en los que la proyección electoral del PP sale reforzada.

Hace apenas un mes, cuando se iniciaba el juicio por el caso Gürtel o el de las ‘tarjetas black’, pocos podían imaginar un escenario tan plácido para un presidente al que le había costado hasta llegar a un acuerdo con un partido tan predispuesto como Ciudadanos. Lejos quedaban las inquietudes de dirigentes populares de peso ante el bloqueo de las negociaciones que aún así no se atrevieron a abrir un debate público sobre ello, y ahora el presidente vuelve a aparecer entre los suyos como el aquel que solo tiene que sentarse a esperar que caiga la fruta madura. El encargado de gestionar en el PSOE el cáliz de la abstención y el ‘marrón’ de la fractura interna, Javier Fernández, alertaba recientemente con pesadumbre ante su grupo parlamentario de la solidez de la derecha: “Reconozcámoslo, [el PP] es un partido correoso, un partido muy roqueño, que ahora mismo en un contexto de hegemonía política de la izquierda, ha conseguido ser por dos veces la fuerza más votada, y lo ha conseguido apelando a la división de la izquierda y al miedo a la radicalización de esa izquierda”. Más optimistas, desde Unidos Podemos vaticinan una legislatura corta y la presentan en términos de “epílogo” para Rajoy y los populares.

Reflexiones desde la Fundación Alternativas
La politóloga Berta Barbet, que colabora con Fundación Alternativas, apunta a ELPLURAL.COM en primer lugar que a pesar de la reedición del Gobierno el PP debería afrontar debates internos por su pérdida de apoyo electoral y unos últimos resultados objetivamente preocupantes con el rasero de sus cifras habituales. Tras el leve repunte del 26J respecto al 20D, los populares seguían perdiendo en las últimas generales casi tres millones de votos en comparación con las de 2011. “El PP viene de una legislatura durísima, los resultados electorales fueron malos, pierden poder electoral, pero al final van tirando. Se producen así menos justificaciones e incentivos para abrir debates que están ahí soterrados y saldrán tarde o temprano”, advierte.

Barbet no cree que las diferencias de cohesión interna sean tanto entre izquierda o derecha sino entre estructuras de partido y también el ‘estatus’ de poder en el momento: “Los partidos tienden a fragmentarse en la oposición y a aglutinarse en el Gobierno, cuando se está en el poder crecen los incentivos para no moverse”. En cuanto a los procesos internos de elección de sus líderes, considera que “siempre va a existir oposición interna, la clave está en cómo se va a articular”. Mientras que “en un proceso de primarias se produce un choque de legitimidades y más tensión pública” en el PP las transiciones son más tranquilas con “procesos internos que no han sido en abierto”.

En cualquier caso, en la ‘roca’ popular se aprecian algunas grietas o incertidumbres visibles, algunas incipientes y otras que se llevan arrastrando desde hace tiempo y no se han cerrado adecuadamente.

Un Congreso con cuentas pendientes.

Tras la reunión de este lunes del comité de dirección, el PP ha anunciado que su pendiente Congreso nacional se celebrará finalmente en Madrid en el mes de febrero. El vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez-Maillo, ha asegurado que no será un congreso “de trámite” y que se profundizará en las “señas de identidad” y “se actualizarán mensajes y procedimientos”. Entre otras cosas está en juego la secretaría general de la ya ministra de Defensa María Dolores de Cospedal y que pretende seguir controlando directa o indirectamente.

Esperanza Aguirre ya se encargó de ‘calentar’ la cita cuando no estaba ni convocada. Alertó de que si durante el congreso no se produce la necesaria regeneración de la formación “algo haríamos”, en respuesta a la posibilidad de crear su propio partido. En ese sentido dejó patente su deseo de un mayor peso del discurso liberal dentro del PP y recurrió a aquello de que Cristóbal Montoro es “socialdemócrata”, una acusación que puede parecer una broma de mal gusto fuera del PP pero que al ministro no le hace ninguna gracia.

La sucesión será silenciosa, ¿pero también tranquila?

El debate sucesorio permanece aparcado en el PP y más en estos momentos en que el crédito de Rajoy ha aumentado, pero obviamente los movimientos soterrados se están produciendo. La actitud de sus principales delfines será clave en ese proceso, y es que Alberto Núñez Feijóo ya mostró cierta impaciencia antes de las últimas gallegas por no poder dar el salto a Madrid, mientras que Soraya Sáenz de Santamaría no hace sino ganar influencia. Barbet cree que hasta ahora Rajoy ha combinado razonablemente bien los equilibrios internos para no provocar demasiadas fricciones incluso reculando cuando suenan las alarmas (como demostró retirando la reforma del aborto de Gallardón o la candidatura de Soria para el Banco Mundial) y considera que “abriría rápido y con tiempo” un debate sucesorio si entiende que él no sería el candidato. Una cosa tiene clara: “En abierto no será ese debate, eso seguro”.

El vértigo de la minoría.

Rajoy no está acostumbrado a un escenario en el que no controla la mayoría. Sus rivales esperan dificultades para pactar y dialogar en un nuevo marco político en el que necesitará más mano izquierda que nunca. De momento no ha empezado con buen pie ya que durante la investidura sus principales mensajes han consistido en ‘amenazar’ al PSOE con un adelanto electoral para pillarles sin tiempo de recomposición si no le dan la estabilidad de Gobierno que necesita en los presupuestos y otras cuestiones claves. La formación de su Gobierno tampoco ha entusiasmado a nadie fuera de sus filas. El riesgo de una legislatura corta está ahí, aunque Albert Rivera se esfuerza en tranquilizar a los populares sobre la viabilidad de ese Gobierno y el portavoz naranja en el Congreso, Juan Carlos Girauta, ha animado a los populares a que echen a rodar comparándoles con un niño que pasa de la “bici de ruedines” a la normal y tiene miedo. Ahí están ellos. De momento PP y Ciudadanos han demostrado por ejemplo que pueden tumbar -con la abstención por ausencia del PNV- una investigación sobre la guerra de Irak. Otras cuestiones requerirán más encaje de bolillos y en las cuentas del próximo año ya están invirtiendo horas de negociación.

Dejar sin oxígeno a los disidentes.

El particular rodillo del tiempo y la indiferencia con el que Rajoy ha acallado a sus adversarios internos puede ser paradójicamente un lastre para el futuro del partido. Hasta ahora había oxígeno para los discursos ‘disidentes’ que permitían ampliar el campo de acción popular en el ala más derechista y entre los ‘liberales’. Esperanza Aguirre y la FAES de Aznar han cumplido ese papel dentro del partido aunque el enfrentamiento real con la dirección nacional les ha ido restando visibilidad. La fundación ideológica del PP iniciará en 2016 su andadura en solitario y se abre un período de incertidumbre porque hasta ahora ha ocupado un espacio clave a la hora de generar debate público, a veces precisamente los que menos agradaba a la dirección nacional abanderar, y ha servido para dar proyección pública a muchos cargos actuales, empezando por Luis de Guindos. En su día el exdirector de ABC, José Antonio Zarzalejos, que mantuvo un sonado enfrentamiento público con Aguirre y es poco sospechoso de simpatía hacia la ‘lideresa’, alertó de que alguien tenía que cumplir ese tipo de papel en el partido. Ahora no está claro que los ‘pepitos grillos’ vayan a seguir contando en la formación con voces de peso. Baste recordar también que Rajoy ha gestionado hasta ahora sin coste alguno todas las crisis internas del PP excepto una: la escisión de Francisco Álvarez Cascos. El PP y Foro Asturias van de la mano de nuevo a nivel nacional, pero en su día la ruptura desalojó a los populares del poder en el Principado y todavía no lo han recuperado.

FUENTE: ELPLURAL.COM

ENLACE: http://www.elplural.com/politica/2016/11/07/las-grietas-escasas-pero-profundas-en-la-roca-del-pp

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